Inteligencia emocional

22 ene Inteligencia emocional: Mens sana in corpore sano

La sociedad cada vez está más concienciada sobre la importancia de llevar una vida saludable. Sin embargo, la mayoría nos centramos en el aspecto físico dejando a un lado nuestra salud mental. Es por ello, que cada vez son más los expertos que advierten de la importancia de trabajar nuestra capacidad social  y emocional para completar la premisa de sentirnos satisfech@s  y felices.

En esta sociedad de las apariencias que tanto exige al ser humano, en la que todo cambia a un ritmo apresurado, debemos desarrollar  la capacidad de comprender nuestras emociones y lidiar con ellas, pero ¿Por qué debemos mimar nuestra inteligencia emocional?

Daniel Goleman, experto en el área, define la inteligencia emocional  como la capacidad para reconocer los sentimientos propios y los ajenos, desarrollando habilidades para gestionarlos y saber expresarlos  a la hora de relacionarnos con los demás. Las personas que cuentan con alta inteligencia emocional son capaces de adaptar sus comportamientos y emociones a las situaciones.

Esto se traduce en que debemos contextualizar, jerarquizar, interpretar y asumir nuestros pensamientos y  sentimientos.  Al fin y al cabo, cualquiera de nuestras reflexiones o actos se ven afectados por nuestro estado de ánimo lo que puede derivar en confusiones, interfiriendo en la resolución de conflictos, en la toma de decisiones  o en etapas de cambio. Las emociones bloqueadas generan dolor, ansiedad y pueden llegar  a derivar en enfermedad.

En este sentido, os presentamos los principales aspectos que debemos trabajar para desarrollar nuestras habilidades emocionales.

  • Conócete a ti mismo

Alejandro Magno decía que “Conocerse a uno mismo es la tarea más difícil porque pone en juego directamente nuestra racionalidad, pero también nuestros miedos y pasiones. Si uno consigue conocerse a fondo a sí mismo, sabrá comprender a los demás y la realidad que lo rodea”. Es decir, se trata de saber cómo reaccionamos ante ciertas situaciones o saber cómo te sientes. Una buena forma de conocerse es plasmar tus sentimientos en un papel. Pon en orden tus emociones, pensamientos y creencias. Esto te servirá para gestionar y manejar aquellas situaciones que no son beneficiosas para ti.

  • Empatiza

La empatía es la capacidad para ponerse en el lugar del otro y saber lo que siente, incluso lo que pueda estar pensando. Muchas veces juzgamos situaciones y comportamientos desde nuestro foco, hablamos con otras personas prestando más atención a las propias emociones que a lo que nos dicen las emociones de los demás; escuchamos pensando en lo que vamos a decir nosotros a continuación. Las personas con gran capacidad de empatía son capaces de interpretar indicaciones no verbales por medio de cambios en el tono de voz, gestos o movimientos que realizamos, este tipo de interpretaciones son una importante fuente de información.

  • Regula tus emociones 

Las personas emocionalmente inteligentes piensan antes de actuar, controlando su impulsividad. Es bueno desahogarse y pegar un grito en la intimidad de vez cuando, o llorar si es necesario pero no puedes dejar que las emociones te dominen.  Debes mantener el control y saber cuándo debes permitir que florezcan tus sentimientos y cuando no.

  • Motívate  

A mayor esfuerzo, mejor recompensa. Es importante que nos sintamos motivados para afrontar hechos de nuestro día a día, si somos capaces de sacar la fuerza en los peores momentos seremos capaces de asumir  y entender que has dado todo de ti y que te sientes satisfecho y orgulloso por ello, aunque a veces no consigamos alcanzar aquello que nos hemos propuesto.

  • Habilidades sociales

Cuando nos relacionamos con los demás, debemos comprender que no siempre las situaciones son favorables o beneficiosas para uno mismo, también deben serlo para los demás. Trabajando nuestra capacidad emocional sabremos cuando alguien necesita ser motivado, necesita un abrazo o simplemente no tiene ganas de hablar. En definitiva, se trata de buscar no sólo el bienestar propio si no el de las personas que nos rodean, entendiendo que la felicidad no sólo consiste en sentirse feliz, sino ver cómo los demás son felices con nosotros.

Por lo tanto, es importante que desarrollemos  nuestra capacidad emocional para afrontar las situaciones del día a día de manera adecuada,  manteniendo el equilibrio entre nuestra  salud física y nuestro estado mental.

 

Imagen cabecera: miguelangeldiaz.net

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